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La moda en 1810 y 1910 en México

La vida que conocemos, lo que nos enseñaron en la escuela y lo que está en nuestros libros ha sido testigo de hechos importantísimos en nuestra historia universal, desde Guerras hasta revoluciones y miles de hechos más. Pero sin duda muy aparte de los acontecimientos que son realmente importantes, es el estilo de vestir lo que marca a una época o a una generación.

El siglo XIX ha sido testigo de muchos hechos importantes para nuestra evolución como humanos y a quedado como grandes historias para la humanidad. Para identificar una época siempre nos fijamos en la forma de vestir de los habitantes de esos años y el siglo XIX no se queda atrás en ese tema.

Los varones de la burguesía del siglo XIX siempre usaban frac de hombreras anchas, chaleco y corbatín o corbatas anchas. Luego el frac se ajustaría casi para a mediados de este siglo usándose un chaleco corto y corbata grande. Los varones que no poseían tanta fortuna usaban una faja de seda y una chaquetilla. También se usaba mucho la levita, que era una especie de chaqueta larga, el estilo de todos ellos era llevar bigotes, el pelo largo y rizado, y también patillas.

Las damas usaban mucho la mantilla de seda y peinetas, estuvo muy de moda los faldones hechos hasta con 14 metros de tela. El estilo Mirañaque proviene de la primera mitad del siglo XIX donde los diseños se volvieron más sencillos, se dio paso a un mayor volumen en la parte de las muñecas, apareció la enagua con aros, la mejora de las telas abrió paso para una gran variedad de materiales para faldas. El estilo Polisón comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, la mayoría de los vestidos tenían dos partes separadas (la falda y el corpiño), las faldas perdieron el volumen que las caracterizaba.

Elegancia gachupina: 
La moda en México era igualita a la de las calles españolas: corbata con encaje (chorrera), chaleco largo (chupa), la casaca y los calzones blancos de bajo de las rodillas, y el sombrero de tres picos (tricornio).

Pelucas y tacones: 
Las mujeres de clase alta llevaban peinados altísimos, no por pasar horas con la secadora, sino por sus pelucas. Usaban corpiños ajustados y faldas amplias (panier). Las mantillas eran el accesorio preferido.

La diferencia entre ricos y pobres era abismal. Estos últimos andaban casi desnudos, cubiertos sólo con una cobija. Si tenían un poco más de dinero, usaban camisas de manta y calzones de la misma tela.

Moda eterna: 
Algunas mujeres sólo podían utilizar el rebozo, que formaba parte de la vestimenta de las clases populares desde entonces. Ellas mismas los tejían.

Los petimetres
: Bohemios de clase baja, conquistaban a señoras de dinero. Usaban pantalones apretados hasta las axilas, un enorme frac, zapatos extravagantes, cabello largo y aretes.

Las currutacas: 
Usaban escote muy amplio, mucho maquillaje. Movían el abanico y usaban zapatos con cintas (caligas) que regalaban a los hombres ricos que les interesaban.

Los 
catrines: Casimir, seda y corbatas europeas eran los preferidos de los ricos del Porfiriato. Todos usaban bastón, y los caballeros sabían usarlo para defenderse.

Las damitas: Las señoras adineradas compraban sus fastuosos vestidos en tiendas de importación, como El palacio de Hierro, para luego lucirlos en el Paseo de La Reforma.

En el campo: Los hacendados usaban traje de charro, mientras que sus peones usaban versiones más baratas de esa misma vestimenta.

La soldadera: La clase baja no cambió mucho entre 1810 y 1910. Pero en la Revolución surgió la soldadera, mujeres que peleaban con vestimentas inusitadas para la época.

Los clasemedieros: 
En el Porfiriato surgió la clase media: gente que trabajaba para el gobierno o en negocios propios. Vestían lo mejor que podían, aunque sin mucha elegancia.

Los jornaleros: Los estratos más bajos de la población porfirista trabajaban en haciendas, cobrando cada mes la «raya». A ellos rara vez se les veía en la ciudad.